domingo, 25 de noviembre de 2012

EL NACIMIENTO DE HERCULES



Hércules fue el más grande los héroes míticos. Su historia nos ha llegado a través de los siglos, narrada por tantos autores y en tan diversas versiones, que su leyenda alcanza aún más la categoría de inigualable.
Y es que fue el mismísimo Zeus, el más poderoso de los dioses, quien quiso tener un hijo que fuera el más grande de los reyes sobre la tierra. La madre de Hércules fue la reina de Tebas, Alcmena, de la estirpe de Perseo, que ansiaba el regreso de su marido Anfitrión, que había marchado a la guerra.

Para engañar a Alcmena, el taimado Zeus adoptó la figura de su esposo, y entró en el palacio transformado, con el mismo aspecto, la misma voz y los mismos gestos del rey ausente. Alcmena, pensando que su amado Anfitrión por fin había regresado victorioso del campo de batalla, se arrojo en brazos de quién pensó que era su marido.

El cielo estrellado de Tebas cobijó aquel engaño y nueve meses después Zeus, satisfecho por haber llevado a cabo su voluntad, se puso a presumir ante su esposa Hera de que en breve iba a nacer el que iba a ser el más grande de los héroes. La reina de los dioses enfureció, despreciando a aquel hijo incluso antes de que naciera. Para tratar de aplacar su ira, Zeus le prometió que el niño iba a llamarse Herácles, que significaba Gloria de Hera, en su honor.
Pero el ingenio de Hera consiguió burlar los designios de Zeus. Le hizo prometer que nombraría rey supremo de los hombres al primer hijo de la casa de Perseo que naciera antes del anochecer. Zeus, confiado por el inminente nacimiento del hijo que albergaba Alcmena, accedió a ello.
Conocedora de que Zeus no podría romper su propio juramento, Hera se dirigió rauda a Micenas, provocando que la esposa del rey Esténelo, que pertenecía también a la casa de Perseo diera a luz antes de tiempo, tras siete meses de embarazo. Así fue como nació, poco antes de Hércules, el rey que iba a someterle a sus caprichos: Euristeo.
Zeus enfureció al conocer el engaño al que le había sometido Hera, pero hizo prometer a ésta que si Hércules lograba llevar a cabo en un futuro los doce trabajos que le encomendara Euristeo, acabaría convirtiéndose en uno más de los dioses que habitaban el monte Olimpo. Ella accedió, prometiéndose a si misma que aquellas doce tareas serían tan dificultosas que el recién nacido semidiós desearía haber sido el más humilde de los mortales.
Ajeno a su propio destino, el pequeño Hércules disfrutaba de la compañía de sus padres terrenales y de su hermano mellizo, mortal. Una noche, mientras todos dormían en palacio, Hera envió dos serpientes venenosas, para que acabaran con la vida de Heracles. Ya que no había podido evitar su nacimiento, estaba decidida a llevar a cabo la más terrible locura, para vengarse de la infidelidad de Zeus.
A la mañana siguiente, los gritos de la niñera despertaron Alcmena y a Anfitrión. Espantados, los reyes se dirigieron a la estancia en la que dormían sus dos hijos y descubrieron a la criada señalando horrorizada la cuna de Hércules. Alcmena, corrió hacia ella temiendo que hubiera sucedido alguna desgracia, pero cuál fue su sorpresa al descubrir que el pequeño, todavía un bebé, sostenía en cada una de sus diminutas manos el cadáver retorcido de las dos serpientes, agitándolas como si fueran dos grotescos sonajeros. Aquella primera demostración de la verdadera naturaleza de Hércules fue el primer presagio de todas las hazañas que iba a acometer.

Por mi amigo "Aún sin apodo"

No hay comentarios:

Publicar un comentario